Y es que en Villa Imperfecta yo soy una niña que mezclo los colores imposibles de mezclar, bailo bajo el sol dejándome llevar por una dulce melodía, siempre sonrío.
Pero nunca antes en toda mi vida alguien en Villa Imperfecta me había tocado.
Villa Imperfecta era un pueblo ubicado Dios sabe donde, y justamente a mi me fue concedida la facultad de viajar a allí con solo pensar en ella.
Es muy complicado de explicar, pero se sobradamente, llámalo instinto, que la Villa existe, explicándolo con mis palabras diría que es un lugar al que solo yo de toda la tierra puedo entrar, he intentado por todos los medios encontrar la ubicación de mi villa pero nunca he obtenido resultado alguno, sospecho que está en otro planeta. Los habitantes de Villa Imperfecta tienen unas reglas: las damas siempre con trajes rosas, los caballeros amarillos y los niños naranjas. Y he ahí la segunda regla, nunca, a ningún habitante de la villa que haya nacido allí se le concederá el don de tocar a un ser de otro mundo y viceversa.
Por eso que estoy tan desconcertada, puedo retener el tiempo de la villa, cuando abro mis ojos el tiempo allí se detiene, como si mis ojos fueran una cámara que grava una película. Así que se sobradamente que cuando vuelva a cerrar mis ojos pensando en la villa, todo estará como lo dejé la última vez. Pero es que… no quiero enfrentarme a un interrogatorio de parte del muchacho o si el será capaz de soportar el mío. Tengo un montón de preguntas como ¿de qué planeta vienes?¿Por qué puedo tocarte?¿En la realidad eres como te veo aquí? Seguro que el, al igual que yo tiene todas esas preguntas. Supongo que puedo estar unos cuantos días sin ir a mi villa, procuraré estar ocupada siempre y ¡Zas! Problema solucionado. No quiero que el chaval tenga nada que ver conmigo. Ya está, decidido, necesito tiempo.
Salgo de la bañera color blanco muerto, cojo la toalla que he traído al baño, verde cual esmeralda. Huele a toalla mezclada con vapor. Me apresuro en secarme, en menos de 10 minutos empezarán las clases y aún tengo que llegar a el instituto, y eso me llevará 5 minutos pero aún tengo que vestirme y… ¡Basta ya! Rita, deja de ser tan calculadora. Me secó rápidamente, al vuelo cojo el secador y el peine y me enrosco la toalla al cuerpo. Con sumo cuidado de no despertar a mis padres corro a mi cuarto, la última puerta a la izquierda.
Una vez dentro, dejo caer la toalla y me pongo el uniforme, ya previamente preparado. Sujetador blanco con un dibujito de “Hello Kitti”, bragas verde claro, camisa blanca, corbata verde oscura, indicando el segundo curso, falda larga y aburridas medias verdes del mismo tono que la corbata, zapatos feísimos de charol, negros, agarro el cinturón verde y la sudadera verde al vuelo, me los coloco, alcanzo la mochila de flores multicolores, marca O’neill. Con el secador del pelo hago lo que hay que hacer con él, me peino, cojo un lazo verde chillón y le hago una lazada en mi nuca. Preciosa. Sonrío.
Pii, piii. Los coches, maldición. Salgo pitando de mi casa, paseo por el amplio jardín, saludo a la Señorita Carguinsen, mi vecina desde que tengo memoria y corro de nuevo. Calle arriba, cambio de calle, derecha, callejón oscuro y tenebroso, acelero la marcha y justo en el momento en el que el autobús abre sus puertas estoy a 20 metros de mi destino.
Con un último Spring me encamino a las entrañas del autobús.
El conductor me ve y por poco cierra la puerta.
-Hola condu, se te ve muy mono con ese absurdo sombrero.- Le dedico mi sonrisa macabra, nuestro condu siempre fue el mejor de todos, es un amigo para nosotros, pero ese sombrero puede conmigo, es el típico sombrero de un autobusero, él nunca lleva ni siquiera el uniforme. Me río a carcajadas y me hace una mueca de profesionalidad.
-Gajes del oficio, pequeña - estira una mano y me revuelve el pelo, me quejo por mis, ahora, pelos de bruja – algún día llevarás tu también uno, sabrás lo que siento yo en estos momentos cuando alguien se burle de ti.- Pausa significativa, alza su sonrisa, maliciosa – ese día alguien me contará que llevas un gorrito ridículo, y yo seré el primero en reírme de ti.
Así, y con una larga carcajada por parte de ambos, sentencia nuestra conversación.
Camino autobús adelante, al mismo tiempo en el que el condu arranca. Sin impedirlo me tropiezo y caigo de cabeza contra unas piernas.
-Oh yo… ¡Lo siento!
-Bien Rita, nada mejor que comenzar el inicio de un último trimestre que así, jajaja. – Sin ganas levanto la cabeza de las suaves piernas para encontrarme con mi compañera de autobús, Taira Keninston, castaña, ojos marrones cual miel de abeja mayor, mide un poco menos que yo, 147 o por ahí, un poco gordita, pero no demasiado, de mi edad, nacida precisamente el mismo día que yo 24 de diciembre del 1994 va en la clase de al lado, 2ºC, donde está con otras amigas de ambas. De carácter fuerte aunque cuando se la necesita siempre acude, seria y malhumorada a simple vista, pero cuando se lo pasa bien, compensa todo con su sonrisa. Su lema “Si no es absolutamente necesario sonreír no lo haré”. Lleva la misma ropa que yo, solo que sin el lazo, teniendo en su lugar una pinza que le recoge el flequillo.
-Vaya Rita, ¡que buena forma de comenzar el último trimestre!
-Creo que te repites, Tai.– sonríe picarona.
- Menos mal que te has dado de bruces contra mis piernas y no contra las de La Melocotona sentada UNA fila antes que nosotras. – me siento a su lado y al momento me indigno. Vale, La Melocotona es realmente fea, estúpida y solo piensa en si misma, pero de ahí a que la insulte de esa forma… si ellas ni siquiera han intentado tratarse, solo había pasado una semana de puente por delante, es un poco difícil que hubieran congeniado en ese tiempo, difícil pero conociendo a Taira, no imposible.
- Calla que nos está oyendo, no querrás armar bulla ya el primer día de clases, ¿verdad? – la miro esperanzada y ella lo nota así que decide posponer el tema, pero solo posponerlo, al final pelea seguro que hay, pero si se puede aplazar cuanto más sea, mejor.
-Demasiado tarde Rita-perra-salchicha, - ¿perra yo? ¡Puta tu madre!- no intentes evitar lo que seguro sucede. – La miro con cara de sorpresa e indignación, siempre ha sido una gran zorrilla, pero esto es excederse. Aquí pasa algo. Algo gordo, y es algo entre Tai y ella.
- ¿Perdona? Que tenga mucho mejor cuerpo que tu no quiere decir que… - Taira me mira buscando respuesta, pero yo no se que quiere decir exactamente sobre mi – ¡No la compares con la parte de tu novia Diana! Por cierto, no la he visto por las practicas de tiro-de-jabalina-a-su-cabeza – mientras pronunciaba esas palabras hizo como que tiraba una jabalina a una invisible Diana, pero fracasó porque la amiga inseparable de Melocotona no viene en nuestro bus.
- VENGA ENANOS, ABAJO TODOS. – había estado tan enfrascada en la conversación que ni me entero de que el bus esta parado y solo quedamos nosotras en el. Al pasar al lado del condu este me susurra – Nos vemos nena. - Y me guiña un ojo.
Bajo del bus y hecho a andar totalmente desconcertada. El condu… ¿Acababa el condu de ligar conmigo? ¿ÉL? ¿CONMIGO? venga ya, si yo tengo casi 16 y el debe de tener al menos 26… El bus arranca a mis espaldas.
-¡No tomes conclusiones precipitadas Rita! – Suspiro. Menos mal que me aclara que es sólo una coña.
Con mi delirio mental, casi no soy consciente de que unos brazos me acaban de agarrar por la cintura, aplastándome contra un cuerpo masculino realmente bien proporcionado.
No puedo pensar, lo del condu ha sido demasiado, así que no reflexiono sobre cual de mis acosadores podría ser - guau, eso ha sonado a niña creída y mimada - así que me remuevo entre los brazos del desconocido, bueno, del que me agarra por la espalda.
-¡Suélteme! – Oigo una mezcla entre un gruñido y una carcajada a mis espaldas.