Sé que eres tú, cuando frágilmente cubres mis ojos con tus ásperas manos.
Sé que eres tú, cuando tu aliento me alborota el cabello.
Sé que eres tú, cuando delicadamente me besas la clavícula.
Cuando finalmente te decides a dejarme verte, yo ya hace rato que sonrío, contenta como nunca.
Pero no eres tú. Ya no estás aquí. Nunca has sido tú, porque no eres él. Solo eres una vana esperanza, un esbozo casual, un reflejo amorfo, una sombra pasada.
Pues hace rato que estoy sola en el cuento de mi vida y tú ya no vives en él.
Desde mucho tiempo atrás.