sábado, 10 de marzo de 2012

4: Lo que es el instituto...

- No, que va. – Tras momentos de vacilación, le dedico mi sonrisa torcida, vaya lío de palabras – Me alegro que me digas mis virtudes, aunque agradecería que de vez en cuando me recordaras mis defectos. Me paro porque ya estamos en la puerta, Mike, yo voy a esta aula y tu hacia la derecha, así que aquí nos despedimos. Hasta el recreo.

Me acerco para besarle la mejilla cuando me mira desconcertado.

- Bueno, tanto como a la derecha… Por cierto, no se si te veré en el recreo… - dice eso tan bajo que apenas lo oigo con el murmullo de los alumnos.


- No, no me digas que te reunirás con la panda de Niki de nuevo, sabes lo que opino de ellos, deberías alejarte, consejo de amiga, ya sabes – le guiño un ojo.

- Se lo que opinas y me la… - le asesino con la mirada, intentando evitar que lo diga – …la… Me da igual. – No lo dice con reproche, si no comprensivo. -  Lo siento. En eso, por mucho que te admire, no puedes interferir. – Se encoje de hombros – Ya sabes, todo ese rollo de es mi vida y blah, blah, blah, ya sabes.

- Punto uno: Borde – esboza una sonrisa de autosuficiencia – Punto dos: No, Mike, no se… - Me agarra las mejillas con sus fuertes manos, haciendo que mire como está mirándome a los ojos ¿En que momento se ha acercado tanto...? – Ehh… yoo…

- ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me fascina cuando te pones "madre sobreprotectora" conmigo? – Mira hacia los lados y me besa los labios, una milésima de milésima de segundo. Sonrie con ganas. – Vaya, solo te he dado un beso y mira lo roja que estás ya, jajaja. Vergonzosa.

Me saca la lengua al tiempo que me guiña un ojo, yo muriéndome de vergüenza, como alguien lo viera no se lo voy a perdonar… bueno si, pero con mucho trabajo... Dios mío que estás pensando, te está mirando, ¡responde, rápido, ya!

- Esto no quedará así Mikel Gómez. – ¡Guau!, con que efecto no deseado ha sonado mi voz. Me habría gustado más que saliera como amenaza.


   Me doy la vuelta, avergonzada, a paso seguro a mi clase de matemáticas, cuando la sirena toca, impidiéndole a Mikel seguirme, seguro que quedó con sus otros amigos. Le oigo de fondo.

- Hasta el recr… hasta que nos veamos, dulzura – ese Mikel… Repito, ojalá que nunca cambie.

Entro en el aula y ¿Qué me encuentro? A unos de primer año. “Bien hecho Rita, tu y Mikel sois unos ignorantes”  ¡Cállate, maldita conciencia! Salgo, inmediatamente del aula, cabreada. “Este es el momento en el que corres para llegar a tiempo a clase”  Ojalá pudiera hacer como Emily de “La Novia Cadáver” y arrancarme de la oreja a mi gusano-conciencia, es tan resabidilla… ¡Y lo peor es que tiene razón! Corro a toda prisa por los pasillos de mi instituto, oigo de vez en cuando un “hola Rita” o “Rita, ¿Qué tal tus vacaciones?” e incluso “Rita, te ves más guapa que hace unas semanas”.

   Delante mía aparece mi clase de matemáticas. Entro en el aula 19 preparada para la reprimenda de mi profesora, pero en su lugar un montón de compañeros y compañeras tirando aviones de papel con inscripciones groseras que prefiero ignorar. Algunas compañeras y amigos me saludan al pasar, pero yo, egoístamente solo presto atención a mis mejores amigas: Loti, Nadia y Susi. Las abrazo fuertemente y me siento al lado de Loti, que es la que esta sola por llegar tarde, me guarda un sitio a su lado.

   Loti, en realidad su nombre el Colette, si no me equivoco, pero desde que tengo memoria, todo el mundo la llama Loti. Bueno ella se incorporó a mi clase hace dos años, junto con sus compañeros de el otro colegio. Es de mi estatura, 155, un poquito más gorda que yo, pero no tanto como Taira, pelo larguísimo, al verlo añoro a mi larga cabellera rubia, sustituida por este pelo que llega un poco más allá de mis hombros y que ya no es tan rubio porque las puntas eran lo más dorado. Pero estoy hablando de Loti, no de mi. Tiene ojos marrones chocolate con leche, en los que millones de veces me planto a observar, y ella siempre me reprocha por hacer eso, porque dice que le doy miedo. Color de piel claro, aunque más oscuro que el mío, naturalmente. Normalmente sonriente y de buen humor, algo mimosa y siempre está ahí. Su lema: “Quiere y serás querida”.

   Las clases como siempre, pasan muy rápido, y no veo la hora de que llegue el recreo, cuando, bueno, en fin, llega. Me siento en el banco de siempre con mis amigas, dispuesta a esperarlas.

   Saco mi bocadillo de nocilla, ñammm, sonrío, este será un buen recreo.
Unas manos pasan por mis ojos impidiéndome usar la vista, instintivamente alzo mis manos y las deposito encima de las otras.

- Umm… - se supone que quiere que adivine quien es ¿no? – jajaja, amm… puueeess… - intento meditar a quien perteneces esas manos, calculando quien me suele hacer eso y alzando mis manos por los brazos masculinos, digo, todo ese músculo no pertenece ni en broma a una chica. – Mmm… no sé, me rindo, puede que deba...  - ¿deba? ¡Eso ha sido estúpido!  - ...saber quien eres pero es que así... – digo incómoda, refiriéndome obviamente a que solo noto las manos de mi… ¿agresor?

  Vaya, incluso en mi boca eso ha sonado muy ridículo. De acuerdo conciencia, ¡toma el control!

   Las manos se giran un poco, supongo que para que el extraño – repito, es un el, ninguna chica tendría esas manos- pueda situarse delante de mi. Espero impaciente a que las manos salgan de mis ojos, cuando, en lugar de eso, una boca susurra a mi oído:

-Deberías. – Se que estoy perdida al sentir unos conocidos labios rozar los míos.


lunes, 5 de marzo de 2012

3: Mi amigo Mikel


Shh – me recorre un escalofrío, me ha susurrado al oído… ¡Dios! Eso me gusta... y ¡mucho! - No está bien que te remuevas tanto antes de clase, acabas de desayunar y estaría por apostar que te has echado una carrerita con el autobús. – Al instante reconozco la voz y la orden de silencio y me tranquilizo, es mi mejor amigo número 1, Mikel. 
Alto - llega al metro setenta y algo - bien proporcionado - con musculitos - jugador del equipo de futbol, pelirrojo de ojos verdes, 16 años, por lo tanto es mayor que yo, pero como es repetidor está en 3ºC. No es estudioso - al menos no ahora - desde que repitió; ha pasado de los estudios al ligue profesional. Tiene a una media de 47% de las chicas tras él por su encanto natural y carácter de pasota.

   Una vez me confesó que le gustaba, yo le dije que lo sentía pero que a mi él no, me pidió ser mi amigo y que menos que eso para compensar. De ahí que sea mi mejor amigo:

Era la hora del entrenamiento general en el instituto. Mis amigas estaban o ensayando para animadoras o para ese tipo de tonterías. Yo tenía la pierna escayolada por lo que no podía moverme demasiado. Así que me senté en las gradas de futbol y  simulé que observaba a mis amigas las porristas, las animadoras y las jugadoras de futbol. Pero obviamente yo miraba a los tíos entrenar. Se veían todos tan sexys corriendo de un lado a otro, con la camiseta pegada al cuerpo, notándoseles a todos sus magníficos músculos. Estaba tan ensimismada en mirarlos con la baba a medio camino que ni me enteré de que el entrenamiento de futbol hacía una pausa. Un apuesto pelirrojo conocido mío se me acercó, me miró fijamente a los ojos y besó. Intentó que su lengua entre en mi boca, yo tan sorprendida que no podía ni mover un solo músculo, por lo que abre mi boca con facilidad. Se separa de mi a los 3 segundos. Sin mediar ni una sola palabra. Si, vale, prácticamente, pero solo prácticamente le dejé besarme, pero que conste que no le correspondí y era muy mono. Por fin decide romper el hielo y decirme:

- Rita, me gustas desde que te conocí – lo típico, mentira seguro – no puedo dejar de pensar en ti, ¿Quieres que salgamos?

   Me quedé petrificada. Solo atiné a suspirar y cerrar los ojos para estar en Villa Imperfecta unos segundos, no puedo decir lo que hice allí - no me acuerdo - y aclarar mis ideas

-  Mira Mike, lo siento, pero... no puedo complacerte, eres encantador - aunque un sinvergüenza y maleducado -, pero… - una de las reglas no escritas de las chicas, “si no quieres herirlo dile que amas a otro y ofrécele tu amistad” me paré un segundo, pensando que decir, suspiré. – Ya te he dicho que me gusta otra persona. – Lo solté así, derepente un valor nació dentro de mií, mi mirada era amable y comprensiva, supe que lo entendería .– Si pudiera hacer otra cosa por ti…

- Entonces… ¿Qué tal si simplemente me concedes el privilegio de tu amistad? – me miraba con una cara de cachorrito, me daba tanta pena que asentí sin dudarlo algo entusiasmada, esa si era una buena idea.

Con el tiempo nos fuimos acercando más y más hasta convertirnos en los buenos amigos de ahora.


Si, una historia deprimente, demasiado normal. Continúo con la descripción de Mikel. Siempre sonriente. Su lema. “el mundo es de los jóvenes disfrutemos cuanto podamos mientras lo somos”. Llevaba la misma ropa que yo, en lugar de falda unos pantalones, y en vez de su ropa  ser color verde oscuro, su camiseta, corbata y cinturón son lila oscuro, correspondiente a su grado.
-  ¡Mikel me has asustado! - El se ríe. Intento darme la vuelta en sus brazos, pero no me lo permite, así que le pellizco en el antebrazo derecho, se ríe y cede aunque no le duela en lo más mínimo Paso mis brazos por su cintura en un abrazo a modo de saludo y, aunque sea algo cortado, pasa sus brazos por mis hombros, obligándome a apretarme a el yo y… mis bubis. Al vuelo veo sus intenciones ¿había dicho que era cortado? Lo retiro. Me separo un poco y le meto un suave puñetazo en las costillas, que aún siendo suave le duele. Se contrae y se ríe. Suspiro, siempre hace lo mismo, y yo siempre respondo igual, por lo que no le afectó demasiado, digo, debe de estar acostumbrado. – eres horrible M – sentencié con algo de ironía.

- Yo también me alegro de verte, dulzura. Una pregunta. – Me mira a los ojos, vaya, eso abruma.

- Dos. – Mi habitual respuesta a  esa pregunta.

Sonríe ¿Me he perdido algo?

- Como sabía que dirías eso, tengo dos preguntas.

Oh, era eso.

- ¿Cuántas veces te tengo que decir que me llames Mike? ¡Mikel solo me lo llama mi madre! – Se pasa la mano por el pelo, una vez tranquilo, pregunta - ¿Qué clase tienes?

  Echamos a  andar, sin pausa ni prisas, hacia el recinto. Me pasó el brazo por los hombros, provocándome un leve escalofrío por el contacto que, desde el puente, no sentía. Realmente añoré esta sensación. Apoyo mi cabeza en su hombro. Nadie pensará que estamos juntos, sospecho que todo el instituto sabe quien me gusta… Menos él.

- De acuerdo MIKE – alzó la vista - Mm… - examino al cielo, pensativa – Creo que matemáticas en el aula 19.

-  ¡Perfecto! Yo tengo literatura en la 32 están prácticamente al lado, te acompaño. – le miro extrañada , están muy separadas la una de la otra, llegaría tarde a clase. Me río, ojalá que Mike nunca cambie – Si quieres, claro. - Añade avergonzado de mi risa.

- No, no quiero, llegarás tarde por mi culpa así que… - espero a dar los dos pasos que nos separan de la puerta  del aula 19, guau, o es que estoy muy inmersa en mis pensamientos, o han cambiado el aula 19 de sitio, ¿en que momento entramos al recinto…?- … aquí nos separamos Maiki.

- ¿Te he dicho alguna vez que me encanta que me llames así? – me detengo - ¿Qué pasa? ¿Es no te gusta que te diga que me gusta?

jueves, 1 de marzo de 2012

2: Frío

Y es que en Villa Imperfecta yo soy una niña que mezclo los colores imposibles de mezclar, bailo bajo el sol dejándome llevar por una dulce melodía, siempre sonrío.
Pero nunca antes en toda mi vida alguien en Villa Imperfecta me había tocado.
Villa Imperfecta era un pueblo ubicado Dios sabe donde, y justamente a mi me fue concedida la facultad de viajar a allí con solo pensar en ella.
Es muy complicado de explicar, pero se sobradamente, llámalo instinto, que la Villa existe, explicándolo con mis palabras diría que es un lugar al que solo yo de toda la tierra puedo entrar, he intentado por todos los medios encontrar la ubicación de mi villa pero nunca he obtenido resultado alguno, sospecho que está en otro planeta. Los habitantes de Villa Imperfecta tienen unas reglas: las damas siempre con trajes rosas, los caballeros amarillos y los niños naranjas. Y he ahí la segunda regla, nunca, a ningún habitante de la villa que haya nacido allí se le concederá el don de tocar a un ser de otro mundo y viceversa.
Por eso que estoy tan desconcertada, puedo retener el tiempo de la villa, cuando abro mis ojos el tiempo allí se  detiene, como si mis ojos fueran una cámara que grava una película. Así que se sobradamente que cuando vuelva a cerrar mis ojos pensando en la villa, todo estará como lo dejé la última vez. Pero es que… no quiero enfrentarme a un interrogatorio de parte del muchacho o si el será capaz de soportar el mío. Tengo un montón de preguntas como ¿de qué planeta vienes?¿Por qué puedo tocarte?¿En la realidad eres como te veo aquí? Seguro que el, al igual que yo tiene todas esas preguntas. Supongo que puedo estar unos cuantos días sin ir a mi villa, procuraré estar ocupada siempre y ¡Zas! Problema solucionado. No quiero que el chaval tenga nada que ver conmigo. Ya está, decidido, necesito tiempo.
Salgo de la bañera color blanco muerto, cojo la toalla que he traído al baño, verde cual esmeralda. Huele a toalla mezclada con vapor. Me apresuro en secarme, en menos de 10 minutos empezarán las clases y aún tengo que llegar a el instituto, y eso me llevará 5 minutos pero aún tengo que vestirme y… ¡Basta ya! Rita, deja de ser tan calculadora. Me secó rápidamente, al vuelo cojo el secador y el peine y me enrosco la toalla al cuerpo. Con sumo cuidado de no despertar a mis padres corro a mi cuarto, la última puerta a la izquierda.
Una vez dentro, dejo caer la toalla y me pongo el uniforme, ya previamente preparado. Sujetador blanco con un dibujito de “Hello Kitti”, bragas verde claro,  camisa blanca, corbata verde oscura, indicando el segundo curso, falda larga y aburridas medias verdes del mismo tono que la corbata, zapatos feísimos de charol, negros, agarro el cinturón verde y la sudadera verde al vuelo, me los coloco, alcanzo la mochila de flores multicolores, marca O’neill. Con el secador del pelo hago lo que hay que hacer con él, me peino, cojo un lazo verde chillón y le hago una lazada en mi nuca. Preciosa. Sonrío.
   Pii, piii. Los coches, maldición. Salgo pitando de mi casa, paseo por el amplio jardín, saludo a la Señorita Carguinsen, mi vecina desde que tengo memoria y corro de nuevo. Calle arriba, cambio de calle, derecha, callejón oscuro y tenebroso, acelero la marcha y justo en el momento en el que el autobús abre sus puertas estoy a 20 metros de mi destino.
Con un último Spring me encamino a las entrañas del autobús.
El conductor me ve y por poco cierra la puerta.
-Hola condu, se te ve muy mono con ese absurdo sombrero.- Le dedico mi sonrisa macabra, nuestro condu siempre fue el mejor de todos, es un amigo para  nosotros, pero ese sombrero puede conmigo, es el típico sombrero de un autobusero, él nunca lleva ni siquiera el uniforme. Me río a carcajadas y me hace una mueca de profesionalidad.

-Gajes del oficio, pequeña -  estira una mano y me revuelve el pelo, me quejo por mis, ahora, pelos de bruja – algún día llevarás tu también uno, sabrás lo que siento yo en estos momentos cuando alguien se burle de ti.- Pausa significativa, alza su sonrisa, maliciosa – ese día alguien me contará que llevas un gorrito ridículo, y yo seré el primero en reírme de ti.
Así, y con una larga carcajada por parte de ambos, sentencia nuestra conversación.
Camino autobús adelante, al mismo tiempo en el que el condu arranca. Sin impedirlo me tropiezo y caigo de cabeza contra unas piernas.

-Oh yo… ¡Lo siento!

 -Bien Rita, nada mejor que comenzar el inicio de un último trimestre que así, jajaja. – Sin ganas levanto la cabeza de las suaves piernas para encontrarme con mi compañera de autobús, Taira Keninston, castaña, ojos marrones cual miel de abeja mayor, mide un poco menos que yo, 147 o por ahí, un poco gordita, pero no demasiado, de mi edad, nacida precisamente el mismo día que yo 24 de diciembre del 1994 va en la clase de al lado, 2ºC, donde está con otras amigas de ambas. De carácter fuerte aunque cuando se la necesita siempre acude, seria y malhumorada a simple vista, pero cuando se lo pasa bien, compensa todo con su sonrisa. Su lema “Si no es absolutamente necesario sonreír no lo haré”. Lleva la misma ropa que yo, solo que sin el lazo, teniendo en su lugar una pinza que le recoge el flequillo.

-Vaya Rita, ¡que buena forma de comenzar el último trimestre!

-Creo que te repites, Tai.– sonríe picarona.

- Menos mal que te has dado de bruces contra mis piernas y no contra las de La Melocotona sentada UNA fila antes que nosotras. – me siento a su lado y al momento me indigno. Vale, La Melocotona es realmente fea, estúpida y solo piensa en si misma, pero de ahí a que la insulte de esa forma… si ellas ni siquiera han intentado tratarse, solo había pasado una semana de puente por delante, es un poco difícil que hubieran congeniado en ese tiempo, difícil pero conociendo a Taira,  no imposible.

- Calla que nos está oyendo, no querrás armar bulla ya el primer día de clases, ¿verdad? – la miro esperanzada y ella lo nota así que decide posponer el tema, pero solo posponerlo, al final pelea seguro que hay, pero si se puede aplazar cuanto más sea, mejor.

-Demasiado tarde Rita-perra-salchicha, - ¿perra yo? ¡Puta tu madre!- no intentes evitar lo que seguro sucede. – La miro con cara de sorpresa e indignación, siempre ha sido una gran zorrilla, pero esto es excederse. Aquí pasa algo. Algo gordo, y es algo entre Tai y ella.

- ¿Perdona? Que tenga mucho mejor cuerpo que tu no quiere decir que… - Taira me mira buscando respuesta, pero yo no se que quiere decir exactamente sobre mi – ¡No  la compares con la parte de tu novia Diana! Por cierto, no la he visto por las practicas de tiro-de-jabalina-a-su-cabeza – mientras pronunciaba esas palabras hizo como que tiraba una jabalina a una invisible Diana, pero fracasó porque la amiga inseparable de Melocotona no viene en nuestro bus.

- VENGA ENANOS, ABAJO TODOS. – había estado tan enfrascada en la conversación que ni me entero de que el bus esta parado y solo quedamos nosotras en el. Al pasar al lado del condu este me susurra – Nos vemos nena. -  Y me guiña un ojo.

  Bajo del bus y hecho a andar totalmente desconcertada. El condu… ¿Acababa el condu de ligar conmigo? ¿ÉL? ¿CONMIGO? venga ya, si yo tengo casi 16 y el debe de tener al menos 26… El bus arranca a mis espaldas.

-¡No tomes conclusiones precipitadas Rita! – Suspiro. Menos mal que me aclara que es sólo una coña. 
  Con mi delirio mental, casi no soy consciente de que unos brazos me acaban de agarrar por la cintura, aplastándome contra un cuerpo masculino realmente bien proporcionado.
No puedo pensar, lo del condu ha sido demasiado, así que no reflexiono sobre cual de mis acosadores podría ser - guau, eso ha sonado a niña creída y mimada - así que me remuevo entre los brazos del desconocido, bueno, del que me agarra por la espalda.
-¡Suélteme! – Oigo una mezcla entre un gruñido y una carcajada a mis espaldas.