- Shh – me recorre un escalofrío, me ha susurrado al oído… ¡Dios! Eso me gusta... y ¡mucho! - No está bien que te remuevas tanto antes de clase, acabas de desayunar y estaría por apostar que te has echado una carrerita con el autobús. – Al instante reconozco la voz y la orden de silencio y me tranquilizo, es mi mejor amigo número 1, Mikel.
Alto - llega al metro setenta y algo - bien proporcionado -
con musculitos - jugador del equipo de futbol, pelirrojo de ojos verdes, 16
años, por lo tanto es mayor que yo, pero como es repetidor está en 3ºC. No es estudioso - al menos
no ahora - desde que repitió; ha pasado de los estudios al ligue profesional. Tiene
a una media de 47% de las chicas tras él por su encanto natural y carácter de pasota.
Una vez me confesó que le gustaba, yo le
dije que lo sentía pero que a mi él no, me pidió ser mi amigo y que menos que eso
para compensar. De ahí que sea mi mejor amigo:
Era la hora del entrenamiento
general en el instituto. Mis amigas estaban o ensayando para animadoras o para ese tipo de tonterías. Yo tenía la pierna escayolada por lo que
no podía moverme demasiado. Así que me senté en las gradas de futbol y simulé que observaba a mis amigas las
porristas, las animadoras y las jugadoras de futbol. Pero obviamente yo miraba
a los tíos entrenar. Se veían todos tan sexys corriendo de un lado a otro, con la camiseta pegada
al cuerpo, notándoseles a todos sus magníficos músculos. Estaba tan ensimismada
en mirarlos con la baba a medio camino que ni me enteré de que el entrenamiento de
futbol hacía una pausa. Un apuesto pelirrojo conocido mío se me
acercó, me miró fijamente a los ojos y besó. Intentó que su lengua entre en
mi boca, yo tan sorprendida que no podía ni mover un solo músculo, por lo que
abre mi boca con facilidad. Se separa de mi a los 3 segundos. Sin mediar ni una
sola palabra. Si, vale, prácticamente, pero solo prácticamente le dejé besarme,
pero que conste que no le correspondí y era muy mono. Por fin decide romper el
hielo y decirme:
- Rita, me gustas desde que te conocí – lo
típico, mentira seguro – no puedo dejar de pensar en ti, ¿Quieres que salgamos?
Me
quedé petrificada. Solo atiné a suspirar y cerrar los ojos para estar en Villa
Imperfecta unos segundos, no puedo decir lo que hice allí - no me acuerdo - y
aclarar mis ideas
- Mira Mike, lo siento, pero... no puedo complacerte, eres encantador - aunque un sinvergüenza y maleducado -, pero… - una
de las reglas no escritas de las chicas, “si no quieres herirlo dile que amas a
otro y ofrécele tu amistad” me paré un segundo, pensando que decir, suspiré. – Ya te he dicho que me gusta otra persona. – Lo solté así,
derepente un valor nació dentro de mií, mi mirada era amable y
comprensiva, supe que lo entendería .– Si pudiera hacer otra cosa por
ti…
- Entonces… ¿Qué tal si simplemente me concedes el privilegio de tu amistad? – me miraba con una cara de cachorrito, me daba tanta pena que asentí sin
dudarlo algo entusiasmada, esa si era una buena idea.
Con el tiempo nos fuimos acercando más y
más hasta convertirnos en los buenos amigos de ahora.
Si, una historia
deprimente, demasiado normal. Continúo con la descripción de Mikel. Siempre
sonriente. Su lema. “el mundo es de los jóvenes disfrutemos cuanto podamos mientras
lo somos”. Llevaba la misma ropa que yo, en lugar de falda unos pantalones, y
en vez de su ropa ser color verde
oscuro, su camiseta, corbata y cinturón son lila oscuro, correspondiente a su
grado.
-
¡Mikel me has
asustado! - El se ríe. Intento darme la vuelta en sus brazos, pero no me lo
permite, así que le pellizco en el antebrazo derecho, se ríe y cede aunque no
le duela en lo más mínimo Paso mis brazos por su cintura en un abrazo a modo de
saludo y, aunque sea algo cortado, pasa sus brazos por mis hombros, obligándome
a apretarme a el yo y… mis bubis. Al
vuelo veo sus intenciones ¿había dicho que era cortado? Lo retiro. Me separo un
poco y le meto un suave puñetazo en las costillas, que aún siendo suave le
duele. Se contrae y se ríe. Suspiro, siempre hace lo mismo, y yo siempre respondo
igual, por lo que no le afectó demasiado, digo, debe de estar acostumbrado. –
eres horrible M – sentencié con algo de ironía.
- Yo también me
alegro de verte, dulzura. Una pregunta. – Me mira a los ojos, vaya, eso abruma.
- Dos. – Mi
habitual respuesta a esa pregunta.
Sonríe
¿Me he perdido algo?
- Como sabía
que dirías eso, tengo dos preguntas.
Oh,
era eso.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que me
llames Mike? ¡Mikel solo me lo llama mi madre! – Se pasa la mano por el pelo,
una vez tranquilo, pregunta - ¿Qué clase tienes?
Echamos a
andar, sin pausa ni prisas, hacia el recinto. Me pasó el brazo por los
hombros, provocándome un leve escalofrío por el contacto que, desde el puente,
no sentía. Realmente añoré esta sensación. Apoyo mi cabeza en su hombro. Nadie
pensará que estamos juntos, sospecho que todo el instituto sabe quien me gusta…
Menos él.
- De acuerdo
MIKE – alzó la vista - Mm… - examino al cielo, pensativa – Creo que matemáticas
en el aula 19.
-
¡Perfecto! Yo
tengo literatura en la 32 están prácticamente al lado, te acompaño. – le miro
extrañada , están muy separadas la una de la otra, llegaría tarde a clase. Me
río, ojalá que Mike nunca cambie – Si quieres, claro. - Añade avergonzado de mi
risa.
- No, no
quiero, llegarás tarde por mi culpa así que… - espero a dar los dos pasos que nos
separan de la puerta del aula 19, guau,
o es que estoy muy inmersa en mis pensamientos, o han cambiado el aula 19 de
sitio, ¿en que momento entramos al recinto…?- … aquí nos separamos Maiki.
- ¿Te he dicho
alguna vez que me encanta que me
llames así? – me detengo - ¿Qué pasa? ¿Es no te gusta que te diga que me gusta?


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