Sin embargo ella siempre sonríe siempre, siempre como si le fuera la vida en ello.
Despierta cada mañana con su perfecto traje bicolor ya puesto.
En esta ocasión es un precioso vestido amarillo potente, de sisas, con un escote perfecto, nada provocativo, le llega a los muslos donde se abre como cual vestido de princesa o como diría ella “vuela”, en todas las aberturas del traje tiene unos volantes rosas.
Parece hecho perfectamente a su medida.
Se levanta de su cama ahora deshecha, no sabe como, pero siempre, todas las mañanas está despierta en el suelo y eso que nunca había mostrado signos de moverse por las noches, da una vuelta sobre si misma, haciendo que el vestido “vuele” pero sin permitir que se le vea nada.
Feliz coge un lazo rosa chicle, un collar de cadena rosa fucsia con un corazón, rosa pastel, realmente grande, colgado de la cadena. Atrapa un brazalete del mismo color que el lazo, coge sus zapatos rosas más cómodos y bonitos, tacones no muy altos y abiertos cual francesitas.
Lanza todo al aire, pero mágicamente todo cae en la parte de su cuerpo donde debería estar.
Corre por los pasillos de su casa hasta llegar a la puerta principal, sin tropezarse ni una sola vez, desesperadamente abre la puerta y respira el fresco aroma del aire puro.
Se siente tan bien.
Empieza a caminar despreocupadamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Como señorita educada que es, saluda a cuanta dama y caballero ve.
Las mujeres se ven espléndidas, todas con su respectivo, precioso vestido rosa, pues la ley obliga a las damas mayores de 15 años a llevar un encantador traje, el que ellas quieran, pero rosa.
Nunca se debe llevar nada amarillo.
Por su parte los caballeros a partir de los 15 deben llevar, según la ley, un traje, también el que ellos quieran, pero siempre amarillo y si quieren pueden llevar una maravillosa chistera con un lazo negro alrededor.
Por supuesto que todos los caballeros no dudan y se lo ponen, como muestra de respeto.
Nunca deben llevar nada rosa.
Los niños y niñas, por otro lado, desde su nacimiento hasta los 15 años deben llevar vestimenta naranja.
Las niñas no pueden llevar rosa hasta los 15 años. Los niños no pueden llevar amarillo hasta los 15 años.
Ella ensancha su sonrisa, siempre toda la ropa tan monótona y perfecta.
Esa era su villa, el único lugar en el mundo donde debería estar, para siempre.
Una melodía la envuelve. Corre cual gacela hasta el inicio de la música, desatando sus instintos, comienza a bailar al compás del violín.
Y es que en su villa siempre había alguien tocando un instrumento para alegrarle el día a quien pasara por delante.
Ella se acerca a la música, bailando, con los ojos cerrados y sonriendo, siempre sonriendo, despreocupadamente.
El señor que toca en violín le sonríe, ella lo percibe, abre sus ojos y le dedica a ese señor mayor, negro de piel y con un bigote blanquecino, como su cabello, su sonrisa especial.
De nuevo cierra sus ojos y baila, pasos improvisados, de un lado para otro, sin importarle nada salvo la música que llega a sus oídos.
La gente al pasar la ven tan entusiasmada, atisban su particular mezcla de colores, aunque ya nada les sorprenda de esa chica, no pueden evitar sonreír, algunos incluso aplauden o se quedan a contemplarla.
En su máximo punto de satisfacción, ella alza su cabeza en un movimiento final, abre sus ojos azules, ve el hermoso cielo despejado, mas azul que nunca, todos los colores de la villa parecen hoy mas vivos que nunca, justo entonces, se dispone a saltar e intentar capturar el cielo. Un muchacho se acerca corriendo hacia ella a toda prisa, ella sabe que el no le tocará, nunca nadie en la villa la había tocado jamás, el la esquivaría o pasaría a través de ella, como si fuera algo inmaterial, como siempre. Dispuesta a levantar los brazos como toque final el chico se choca contra ella.
Abro mis ojos azules grisáceos como platos, miro mi reloj verde acuático con mi nombre impreso en todo color, Rita, ya ha pasado media hora desde que entré en la ducha, cerré mis ojos y aparecí el
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